En 1986, una familia decidió alquilar una gran casa, la cual seguramente no había sido rentada por una clara y sencilla razón: había sido una funeraria.
Cuando la familia llegó y exploró el lugar, encontró que la casa aún tenía el mortuorio en el sótano y un mausoleo en el exterior. Tan pronto como se instalaron, el agua del grifo comenzó a teñirse de rojo, los platos caían al suelo y múltiples apariciones comenzaron a hacerse presentes.
Los Warren, tras su investigación, decretaron que los espíritus estaban enojados por una razón espantosa. Según habían interpretado, los antiguos dueños de la funeraria habían practicado relaciones sexuales con los cadáveres de los muertos, y por este motivo sus espíritus no habían descansado propiamente… Fue una de las experiencias paranormales más complejas que tuvieron los Warren.


